jueves, 5 de octubre de 2023

Inopia

 

Se extiende un mito inaceptable que nos indigna a todos, aunque no lo digamos a viva voz: 


El de la felicidad plena. Esto es tabú. No se habla de ello. No puede ser el discurso dominante. 


Necesitamos la mentira. El progreso hacia una felicidad imposible. El mundo no es así. Nadie es así. 


Pero nos seguimos engañando. Sé algo de la amargura que se acumula para estallar. Del derrotismo. El recelo. 


La canallada. El encogerse de hombros ante la sumisión material que nos aplasta. Al menos, la mayor parte del tiempo. 


Sé algo de todo eso y nadie quiere escucharlo. Es demasiado difícil de aceptar. Pero existe. Más que ninguna otra cosa. 


Todos quieren ocultárselo. Ocultarlo también a otros, para seguir adelante. Pasar desapercibido. Tal vez triunfar, 


arañar algo de fama o riqueza. Tranquilidad provisional. Inmerecida y superficial. Olvidable. Como todo lo demás. 


Es felicidad líquida. Pasajera. Como ha debido ser siempre. La propaganda no puede cambiar el mundo. 


Sólo forzar violencias precipitadas. Llenarlo del pathos que lo define. El destino es perder lo que se desconocía. 


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Me desmorono al creer que estoy solo en esto. No encuentro aliados. Todo el mundo está demasiado ocupado en los delirios 


que nos atormentan a todos. Que nos insuflan y nos imponen los que saben que son imposibles. Los que ya no los persiguen. Los cínicos. 


Los dueños de este mundo. Temporales, como nosotros. Los que obedecen a las potestades aéreas que mantienen la maldad de nuestra existencia. 


Como una fría cadena inmortal, lejos de cualquier divinidad que valga la pena adorar. Como el pesimismo de Job. 


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El recogimiento es improbable. No dura. Volvemos a caer aquí, arrojados por nuestras pasiones. Embrutecidos. Nos vamos quedando 


sin esperanzas. El fuego que debería iluminar y construir, acaba destruyendo. Todos los excesos son malos. El descontrol es irresponsabilidad. 


Nos acostumbramos a ser malos. Y nos decimos que es inevitable, para calmar nuestra conciencia. La condición del mundo es nuestra culpa. 


Nuestra indiferencia. Nuestra insensibilidad, que es una insensibilización. Porque el dolor es demasiado fuerte como para sufrirlo por mucho 


tiempo, sin pretender que acabe. Sin hacernos más fuertes. No podemos elegir lo que somos. Sólo desconocerlo, buscarlo. Sufrirlo. Aceptarlo. 


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No estoy bien porque nadie está bien. Me hacen sentir así y yo se lo hago sentir a otros. 


No podemos escapar del mundo que somos. Llevamos nuestra esencia a todas partes. Creemos que es torpeza lo que en realidad es costumbre. Desconocerse. 


Sólo sé cómo me siento, y quiero dejarlo aquí, por escrito. Sólo los sentimientos cambian, de lo que vale la pena. 






martes, 29 de agosto de 2023

Viejos amigos

En el tiempo me afronto a mí mismo. Carencias, exceso y desconocimiento. La realidad se impone. 

Los demás me limitan. Son mi tope. Compartimos el conocimiento que llega a ser desconocimiento. 

El cuerpo falla y se cansa. Poco a poco. No inmediatamente. Una y otra vez. No queremos ver los patrones. Son demasiado reveladores. Lo personal duele más. 

¿Qué podemos hacer? La resignación espera y lo va cubriendo todo. 

Sentimientos enfrentados. Ira. Cansancio. Confusión. No atiendo a lo que desconozco. Me adentro en lo desconocido. No hay otro destino. 

Entre filosofía y literatura, sufro la incertidumbre. Este es nuestro mundo. Nuestro tránsito. Nosotros. 

Parece mentira que acabemos así. Que nos convirtamos en esto. Pero es así. 

Demasiado que ocultar. Que sufrir. Que castigar. De lo que huir. Siempre demasiado. La culpa es de otro. Tiene que serlo. 

Demasiado amor pronto es demasiado odio. Sangran las palabras en la boca de los desconocidos. Sepulcro abierto, invisible. Inabarcable. Pathos vestido de Logos. 

¿Sabe algo de mí el máximo agresor? 

Me consagro a los otros, resignándome. Poco a poco, a los desconocidos, pero semejantes. Elegante abismo interior. 


jueves, 29 de junio de 2023

Las mayorías


Quiero darte un momento de paz. De verdad. De tregua. A ti, al individuo que piensa. Que puede creer en mí, como cree en sí mismo. Ya tienes bastante.

Demasiado de lo malo. Tengamos también algo bueno. Algo juntos. Compartámoslo, mientras podamos. Porque se nos acaba el tiempo. La muerte primero ablanda. Luego endurece. Todas las apariencias cesarán en el individuo. Uno por uno, dejarán atrás todas las apariencias. Hasta el final.

Puedo ver cada día más de cerca el truco. La oportunidad de hacer el mal. La impunidad. La miseria moral. La maldad, tan conocida y tan vieja, en cada uno de nosotros. La traición. La verdadera desigualdad. Que es la desigualdad moral. Hablo de apoyar a la mayoría. Cualquier mayoría. Según el momento. La mayoría es el conformismo. La cobardía. El interés. Eso es la mayoría.

Porque la mayoría siempre, siempre estará más dispuesta a hacer el mal. Porque es más fácil. Una y otra vez. La mayoría ha sido siempre cobarde, violenta, ignorante, peligrosa. Y siempre lo será. Siempre saldrá lo peor de ella, porque ella es lo peor. Hacen parecer necesidad lo que en realidad es privilegio.

El individuo es más importante que cualquier mayoría. No importa lo que crean. Lo que crean defender. Las mayorías se equivocan. Una y otra vez. Engañan, pervierten, envenenan. Porque son engañadas, pervertidas, envenenadas. Quieren ser engañadas, pervertidas, envenenadas. 

Hacen el mal a drede, impunemente. Porque su fuerza es el número. No la verdad. Nunca lo ha sido. Nunca les ha interesado. Sólo espejismos de sus caprichos. Rabietas. Peroratas. Desplantes. Todo para nada. Sólo para seguir igual. 

La calidad no ha estado nunca en ninguno de sus planes. Han sido el brazo ejecutor de los peores tiranos. Su verdugo. Su monstruo de feria. Su mascota. Su títere. Eso son las mayorías. Eso es lo que siempre serán. Cobardía, egoísmo, delirio, emponzoñan todas sus pasiones y todas sus culpas, como lo que manosean, lo que aplastan, lo que insultan. Lo que desobedecen, lo que aniquilan. Una y otra vez.

La mayoría es sólo cantidad. Cantidad de lo malo. Indistinta. Amorfa. Grosera. Excesiva. Diversidad de lo malo. Convergencia en la maldad. En la culpa. En el crimen. En la indiferencia y la desidia. La mayoría es encogerse de hombros y mirar a otro lado. 

La mayoría es cohecho, complicidad. Corrupción. Traición a uno mismo. La mayoría es el antiindividuo. El antiser. Debilidades unidas imponen lo injusto cuando pueden, en cuanto surge la oportunidad. Que no pueden imponer solas. Con avidez. Sin pensar demasiado. Casi sin pensar. Creen haber vencido, ignorando su próximo fracaso. Que se repetirá. Esperan el momento de liberar el mal, una vez más. Esta vez no será diferente. 

Tenemos derecho a equivocarnos. Pero no a permanecer en el error, a sabiendas. Todas las mayorías son errores. Esconden errores. Producen errores. No querría nunca depender de una mayoría, ni lo que me es más preciado. 

Me avergüenzo de ser parte de cualquier mayoría, con o sin intención. De haber sido parte de cualquier mayoría. No me identifico con ninguna. Ojalá no existieran. Ojalá no fuéramos lo que somos. Sólo mayorías del momento.

Las mayorías son una trampa. La cárcel más insoportable de cualquier individuo. Borreguismo, canallismo, histrionismo. Indecencia. Ignorancia. Eso es la mayoría. No importa cuál.

El individuo y las mayorías sólo pueden estar en guerra permanente, intentando reducirse uno a otro. La mayoría es la muerte del individuo, su tumba, antes de la muerte de su cuerpo. 

Lamento haber apoyado cualquier mayoría en el pasado. No reconocer que estoy solo y que nadie creerá lo que digo, por tanto tiempo. Se olvidará pronto, a menudo. Es difícil pensar. Ser individuo.

Es más fácil ser mayoría. Que piensen por mí. Soy un individuo contra todos. Contra todas las mayorías y eso es lo que seré siempre. Lo que eres tú y cualquier otro. No importa la mayoría en la que se esconda ahora. En la que pretenda o finja esconderse. Todo son mayorías malas. Caducas. Dañinas. Indecentes. Culpables.

Las mayorías son más huecas que el individuo. Por eso son más peligrosas. Porque no pueden ser ni serán nunca individuos. Aunque a veces parezcan actuar como tal. Es sólo una triste y fatal ilusión, que se repite.

Contra la mayoría, siempre. Porque son el principio de todas las maldades verdaderas. El mal del mundo. No hay más allá de nosotros ningún otro que deba preocuparnos. Preocúpate de la mayoría. La que sea que apoyes ahora. Piensa por ti mismo. Sospecha. Témela, despréciala. Condénala. Pero nunca cedas a su maldad. Porque se volverá contra ti.