jueves, 9 de junio de 2022

Plutón digital

 

     El Pensador, representación del Hombre Universal, mira hacia abajo, vencido por su naturaleza. 

         Contempla el Castigo de existir entre dos mundos. Infinitos. De que existan, irrevocables. 




Las aguas negras del mito, por donde aún no ha pasado la Divinidad. 

Antes del orden, de la Creación. El milagro no se ha consumado. 


Así siento nuestro devenir. Dispersión, liquidez, separación. 

El ánimo es la violencia del cambio. 


No dura tanto una apariencia, pues otra no se hace esperar. 


Baja la cerviz, como ese estertor de hombre, hoy, 

cercano a la disolución. 


En el Hades, hay imágenes mucho más pálidas que las de aquí, 

más engañosas. Abundantes y salvajes, hambrientas de existencia. 

Ninguna tiene vida y todos nos extraviamos en ellas. 

Cedemos la nuestra, confundidos. 


Nos revolcamos, nos debatimos entre la ansiedad y la exaltación.

El entretenimiento se vuelve canalla, culpable, aquí abajo. 

Caer es siempre lamentarse. 




Lejos del camino de la Diosa, casi extraviados por completo, 

la divinidad sigue impresa en el corazón invisible.

Es superior el orden que no se ve. 


Profundísimo, presentísimo.

Sucesor de imágenes, de movimiento. 

El hechizo, el desconocimiento, 

no se desvanece del todo. 


No hay segunda oportunidad.

Sólo destino oculto. 


Ata los cabos sueltos. 

Une los puntos, dentro de ti. 

Despeja el camino. 


La Era de la Personalidad 

no es el fin de la Historia. 


Cuida de la imagen que no se ve, 

que se reafirma. Es la que importa. 


Orfeo siempre acaba mirando atrás. 

El mito es la prisión de repetirse 

en lo desconocido. 









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