martes, 22 de febrero de 2022

Pétalo de medianoche

Un poco de intimidad. La que más aprecio. La más honesta. Después de todo, solo escribo para otros. Antes o después, todo termina en los otros. Terminamos en los demás. Trataré de explicarme de nuevo. 

El día está a punto de acabar, pero no ha estado nada mal. Luchar es aprender de lo desconocido, todavía. De uno mismo. Me tomo mi tiempo. Debe ser así. La paciencia es inevitable. Su necesidad. Su urgencia. Siempre me precipito en mi sensibilidad. Culpable. Excesivo del todo. Nada de eso justifico. 

Me cuesta mucho seguir adelante. No tengo elección. Seguimos siempre adelante, arrastrados por la pasión de nuestros pensamientos. Hay mucha belleza en esto. En esa inexpresable intimidad. No es por justificarme. Aún busco belleza más pura. Refugiarme de lo cotidiano más grosero. 

La parte más pequeña de mí es insobornable. Pero existe. 

Una pequeña reflexión. Hablé con un amigo hace poco. Sólo queremos que nos escuchen. Eso es todo. Suplicamos que nos escuchen. Por dentro. Doy gracias a Dios por las pequeñas cosas. Pequeñas alegrías cotidianas que aún siguen ahí. Y aunque siempre quiero más, soy consciente de que aún las quiero y las tengo. Que pasan para mí. 

Respecto a los demás, algo importante. No estoy para ellos, pero ellos creen que es así, al igual que yo creo que están para mí. Eso es ser egoísta. Eso es ser. No seamos idealistas en este punto, al menos. Damos para recibir y nada más. Es bastante soportarse a uno mismo. Por eso, somos separados. La vida es privación. Ser sobre otros. Deja otras armonías, si puedes. 

Solo hay que darse mejor. Si fuera siempre tan fácil. Pero no de verlo, sino de hacerlo, de serlo. Somos nuestro problema. Ningún retrato, ninguna máscara salva de eso. Que la falsedad crea más falsedad no es nada nuevo. Fingimos para otros. 

Seguimos buscando la verdad. Ese primer y último misterio. Esa eternidad invisible.

Gracias por todo. Bonjour, tristesse. Puedo soportarlo. Solo aprendo a soportarme. La vida en un momento y al revés. En cada pequeña cosa hay cada vez más abundancia. Es insensato no reconocerlo. El tiempo es valioso cuando se cree en él. Y es tan difícil profundizar en un momento. Hacerse un poco más honesto, cuando pasa.

Contengo un drama inexplicable que no sé cuánto importa. Lo suficiente para dudar de él. Quito con mucha calma y cuidado los pétalos de un momento, por si resulta al final que es irrepetible e inexplicablemente (dolorosamente) caduco.

Lanzo de nuevo el mensaje en la botella. Mi amistad está expuesta. Sólo quiero que me escuchen. Lo suplico por dentro. Me digo que está bien, pero sé que quiero más. Nada se hace sino querer más. Tómate en serio. Aunque no sea demasiado. No soy un exceso de palabras mediocres. Tal vez eso y el delirio de querer ser un dolor algo más original. 





domingo, 6 de febrero de 2022

Swipe up

La gente haciendo cosas, sin parar.
Subiendo cosas sin parar. Interminablemente.
Nadie puede seguir el ritmo. Su propio ritmo
Cuándo ha sido importante o necesario conservarlo todo, exagerarlo todo, suplicar por todo?

 
Qué profunda ansiedad, inestabilidad podría obligar a esta deriva insensata que hemos tomado, que nos obligamos a tomar unos a otros?

 
La corriente es irresistible. Dónde están tus referencias de verdad? Tu fuerza de verdad? La de tu espíritu.

 
Ha sido siempre nuestra naturaleza la de querer influir en otros, así como en uno mismo.
Lo que ignoro de fuera es mayor, pero no deja de estar presente por dentro. Si no, nunca dudaría de mí mismo. Pero es muy al contrario. Soy un temblor interno. La música que sale del instrumento del mundo. Su sonido es la necesidad. La única fuerza. 

 
Quiero olvidarme del ruido de la desesperación cotidiana que contagia el amigo, el hermano, el desconocido. Ese disfraz de discordia me recuerda que el poder siempre es cruel, explotador, opresor. Arbitrario. Que no entiende de adornos o de adulación. Es simple y brutal.

Descanso inquieto. No conozco la paz más que como idea o posibilidad. Siempre he estado bajo la presión de otros. Todas mis preocupaciones se resumen en sus juicios.

Soy tan desconocido para ellos como ellos para mí, y sin embargo, nos tratamos como iguales. Es tan extraño. Cómo se distribuye el mundo y se segrega, se estratifica. Se dispersa. Sin parar, en todas partes. Todos los aspectos de las cosas. Hay grados en cualquier juicio que yerra.

Así, voy envejeciendo. De una preocupación a otra. De muchas a algunas menos, y vuelta a empezar. Nos agotamos. Tratamos de olvidar la memoria que somos. Buscamos consuelo, calma, descanso. Comprensión del que solo puede acusar. Porque no conoce. Tropezamos sin remedio con los demás. Son un obstáculo necesario. Un contrapeso del espíritu, que lo mantiene en crecimiento perpetuo. No conocer es ser otro. 

 
Con todo, no sé ponerme en manos de nadie. Porque con el cansancio de la inquietud viene la desconfianza.