Si vivimos en momentos, no podemos atrapar el mundo.
Estamos atrapados en ellos, como somos. Como nos hacen.
A golpes se moldea el corazón hacia la muerte.
Prometimos aquello que ignorábamos. Mucho mayor que la presuposición.
Lo prematuro.
Lo más difícil de aceptar es que realmente existe la mentira.
Opacidad. Desconocimiento. Error. Carencia o exceso. Desvío.
Qué conmoción espiritual puede ser suficiente para librarnos de esta vida?
Qué elección es pura, clara, distinta, sin mezcla?
Dos mundos se oponen. Uno absorbe y vence al otro, a través y después de una vida entera.
Es abarcarlo todo lo más importante. No dejar nada atrás, como ahora.
Reconozco saber lo que es el miedo, la inquietud. La soledad. La ira.
Reconozco la herida interior de seguir pensando. No resolver. Dudar.
Alejarme de la verdad, sea como fuere.
Poseer mis culpas. Atravesarlas todas juntas, como un alfiler.
Exactamente ellas, conmigo. Hacia delante.
La oscuridad del futuro es otra mentira de la imaginación.
Todo es lo mismo, a pesar del cuerpo y los sentidos.
Iremos reposando cuando la ira de los miembros cese y nos de el descanso.
Descanso de la derrota que se volverá triunfo. Claridad. Comunión.
No sé lo que me depara la vida.
El frenesí y exceso de los sueños. La pasión humana. Por vivir.
Creía otras cosas, ahora ya tan lejanas (y tan presentes) que es difícil
determinar lo sensible, vulnerable, que me hacen.
Soy otra persona.
No es el mundo tan malo como en la imagen de una pesadilla.
He mezclado, he roto, he corrompido.
Me he llenado de culpa en la prisa de la ignorancia.
En el ardor fugitivo de mi deseo.
Fuego desesperado, luchando salvajemente contra la asfixia.
Firme en su ardor. Ser completo en la oscuridad, por más breve y pequeña
que sea su existencia. Hogar de paz en las tinieblas. En lo imposible.
Plenitud perdida en el mar de lo infinito.
Juventud semidivina, eternamente.
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