Desde que me di cuenta de que era real, quise ser un personaje ficticio. Como si quisiera huir de aquí y no volver. Huir para siempre. Sé que era instintivo. Ahora me importa la aceptación de mis semejantes, de mis iguales. Lo especial de esta vida son los sentimientos. No es tan fácil ser diferente, ni tampoco intentarlo. Ni siquiera imaginarlo.
Me preocupa ser joven y real. Desbordarme ante los vestidos de la verdad. Los tiene todos. Los más elegantes y los más vulgares. Pero no siempre los distinguimos. No siempre queremos hacerlo. La mayoría del tiempo, hacemos como que no sabemos lo necesario. Para nosotros, seguir adelante es huir astutamente, pero de nosotros mismos. Esto es lo más triste. Lo que no puede enmascararse. Porque está en lo más profundo de nuestro interior.
Me preocupa ser joven y real. Desbordarme ante los vestidos de la verdad. Los tiene todos. Los más elegantes y los más vulgares. Pero no siempre los distinguimos. No siempre queremos hacerlo. La mayoría del tiempo, hacemos como que no sabemos lo necesario. Para nosotros, seguir adelante es huir astutamente, pero de nosotros mismos. Esto es lo más triste. Lo que no puede enmascararse. Porque está en lo más profundo de nuestro interior.
Sólo soy de una manera, pero no sé cual es. No sé cual es la magia real. Me mueve sin cambiar. Yo respiro la irregularidad de los sentimientos. La inconstancia. Porque unas veces quiero una cosa; otras, lo contrario. Pero siempre necesito lo mismo. Cubrir mi desnudez invisible. Eso me insinúa la imaginación. Pero luego me tienta.
Soy una rueda cuadrada. Estoy en un desierto de locura. A veces, me gustaría estar perdido entre la gente, como me imagino. Ya sé que no soy visionario. Ahora estoy seguro. Los que somos reales no somos tan espectaculares. Pero debemos seguir mintiéndonos. Tengo golpes de humor, extremos. Ojalá no fuera así, pero es la verdad.
No quiero sentirme culpable. Mi rebeldía es romántica, como mi nostalgia. Habrá mucha gente que no se acercará lo más mínimo a la comprensión de mis sentimientos, pero admito que ignoro el motivo. Quisiera decir, por ejemplo, que soy un charlatán impulsivo y vago, como si eso bastase. Quisiera decir que no me explico bien y no sé lo que me dejo en el tintero. Que tengo alas que nadie ve, pero eso podría ser tan deshonesto, tan enigmático. Demasiado para la simple monotonía.
Tenemos una capacidad extraordinaria para evadirnos. He aquí la creatividad, su mérito. No el de ninguno de nosotros. Trabajar no es para quemarse, sino para lo contrario. Lo más sabio que podemos hacer es prepararnos para la recaída. Viene más pronto esta vez y todos queremos sobrevivir por dentro. Nos apoyamos unos en otros. Nos olvidamos de esa inmensa necesidad. Queremos ser independientes, pero hemos recibido un sacrificio que no comprendemos. Un sacrificio del que nosotros también seremos parte algún día.