jueves, 19 de noviembre de 2015

Deuda


El hombre no es el que elige serlo, sino el que lo acepta. No sé si puedo ser más consciente de mi vida. Creo que sucederá. Porque la duda atraviesa mi corazón, sigo interrogándome por mi suerte y la desconfianza es natural. No sé cómo sería mi vida si fuera otra persona. No puedo aceptar que antes me engañaba. Lo veo como una derrota tolerable, necesariamente. 

Lo que siento por mi vida ahora es un desprendimiento desenfrenado, irresistible. La certeza absoluta de que no puedo cambiar nada esencial y que no conozco todas las influencias sobre mí, ni su principio. Tampoco el mío. Soy limitado, pero no sé dónde empiezo y dónde termino. Tampoco dónde estoy, cuál es mi lugar. He caído al mundo real. 

Se pierde mi vista en mí mismo y no puedo volver atrás. Nos imagino desligados de la naturaleza por la cultura, pues sus lazos son más fuertes y profundos de lo que parece. Nos veo dependientes de nuestro vacío interior, completamente cobardes, débiles y solos. No como algo malo, sino como algo cierto. 

Me cuesta muchísimo creer en premios y castigos reales, justos. Me faltan demasiados datos. El mundo es efímero, si es todo esto, pero lo más cerca que estamos de su control es nuestra ilusión favorita. La ilusión y nada más. Espejismo, quimera, pero, por qué existe la quimera? qué le da esa apariencia de vida o sinuosidad? Nuestro engañoso entendimiento?

Persigo humo en silencio absoluto. Lo persigo solo, sin poder evitarlo, sin conocer la esencia que me hace esclavo de él, de los sentimientos que me produce. No sé cómo funciona, si es que sólo puedo desear más (y lamentarme por ello). Nunca me he sentido tan extraño como ahora. Tan cercano a la extinción total, a la nada o al sinsentido.

He sobrevivido como si Dios mismo me protegiese y me empujase hacia delante, porque yo solo no me basto y no tengo fuerzas. No podría. No soy mi fuerza y no controlo mi destino. Porque no lo conozco. No puedo ver las cosas de otra manera que no sea esta. Mi círculo se encoge. La vida es dramática. No es una biografía, ni una película, ni un teatro. Es algo más, pero no sé lo que es. Tal vez nada de esto. 

Algo anterior se nos escapa, más importante, bello, bueno, verdadero. La vida es un suspiro. Todos somos malos poetas y filósofos, niños indefensos frente al misterio del tiempo y de la noche, porque somos humanos y esa es nuestra esencia. No importa cuánto creamos desnudarnos para los demás, ni siquiera para nosotros mismos. 

Lo que me impulsa a seguir hacia delante es encontrar algo que me sorprenda, que me impacte. Pero siento que no me he esforzado lo suficiente, que no hice lo que tenía que hacer. Que sólo huí, pero que no sirvió de nada. El que sabe más, es más culpable. No puedo explicarlo. Se me escapa también. 

Somos esencialmente iguales y no importa las vueltas que demos, cuánto vivamos, adónde vayamos, a quién conozcamos. Quién nos cuide o nos maltrate. No importa tanto. La fantasía es un misterio indescriptible y no soy digno de especular sobre ella. Me sentiría ridículo, pero he experimentado su influencia. Su hechizo, si cabe. 

He querido amar la vida todo este tiempo, hasta ahora. Aún vivo. Todo lo que amo es mi prisión, mi esclavitud. Cómo iba a querer ser libre, si no conozco la libertad ni sé nada de ella? Tampoco sé mucho del mundo, porque soy más pequeño. Ahora lo sé. Sé que me quise engañar demasiadas veces y que ese es todo mi pasado, todo el que conozco y el que me preocupa. Damos lecciones inferiores, acatando las superiores. 

Intento confesarme, pero, cómo lo hago? Hoy creo que la única felicidad es la sabiduría verdadera, pero, por algo que desconozco o no puedo saber, ni siquiera ella es segura. Me imagino vagando por el mundo hasta ahora, sin más centro que yo mismo, mi esencia, mi ser, acumulando experiencia, sólo porque sí, sin historias detrás, sin especulaciones, sin destino, sin paranoia ni delirio, sin trampas, ni excesos, sin simplicidades o vacuidades. Sin deudas. 

En una palabra, sin nada que haya conocido, y me resulta completamente imposible. Por eso me importa. No puedo entender por qué existe la sed que no se puede saciar, por qué se puede imaginar (exista o no) aunque sólo sea como un ideal truncado. Supongo que es el límite de mi entendimiento. En cuanto a nuestro interminable resentimiento, sólo puedo decir que la venganza es insuperablemente infantil. Pero todavía no sabemos de qué melodía forma parte nuestra tristeza. Recordemos u olvidemos, el ritmo se nos escapa. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Exceso de vida


Vivimos al límite, sabiéndolo o no, sabiendo más o menos. Estamos aquí por un exceso de vida. Dejaré algún día de perseguir o de huir? Inquieto, reflexiono sobre inquietud. Descartar es mi alegría, o más bien, mi ausencia de tristeza. Primero, las torpezas de otros; luego, las mías. No sé si al revés. No sé si a la vez. Impotencia es dudar lo evidente. Juego fatuo es extender la verdad, copiarla, pervertirla, como si hiciera falta, sólo por recreo. 

Vivimos escondidos, buscamos cualquier sitio donde escondernos cómodamente, donde pacer. Pero ya hay demasiados textos escritos. Demasiadas inteligencias desperdiciadas. No hay dirección que se mantenga fija. Todo son distracciones. Otra vez mi discurso pesimista. Porque el pragmatismo no es suficiente. No se reveló toda la vida tal y como era y por eso vivimos angustiados. Ese fue el pasado perdido e irrecuperable. Eso era la melancolía, un residuo incómodo de la razón. 

Mucho hay escrito y mal escrito. Los malos filósofos son falsos profetas. Retóricos, sofistas, perdedores, como los que más nos resistimos. No somos mejores que ellos. No somos menos falsos. Se acaba el tiempo de nuevo. Piensa en lo oculto y en lo manifiesto, en lo que nunca vas a saber, ya lo conoces. La noche me conoce y está más cerca. Gemidos inútiles que no vale la pena retener. 

Pero la vida no es triste. Sólo es siempre la misma y nosotros queremos otra cosa. Ciertas verdades agradables, lejos de las desagradables, como los hedonistas, los epicúreos, todos los que desprecian el exceso de humanidad. Cuando no les conviene. Como piedras que cobrasen vida y se quejasen de rozarse entre ellas. El resentimiento es el borde de la humanidad, oculto o manifiesto. 

Olvida lo que sepas, si puedes. Estás más atrapado, repetimos lo que desconocemos. No tengas miedo de jugar como el resto. Nada hay de tentación en lo natural. Pero yo también soy esclavo de mi despeñamiento. De dónde surge, sino del interior? Porque lo interior es lo desconocido, lo eterno, lo que produce la defensa, el rechazo a lo desconocido. Ya ha pasado mucho tiempo. Han pasado muchos tiempos. Eres tú un tiempo diferente?

Dialoga con tu exceso y humíllate. Se ríen de ti. Te ignoran. No creas en la mentira cómoda. Más profunda será la herida. Más virulento el tósigo. Estás entero por ser incompleto. El hombre sufre al hombre. No oyes tus gritos? Qué más te hace falta para conectar con tu alma? Remueve la molicie, la procrastinación. Resucita de entre los muertos. Deja atrás tus tinieblas. No vuelvas a la oscuridad. Humíllate ante ti mismo, primero. Todos hacen el ridículo a escondidas.