jueves, 29 de junio de 2023

Las mayorías


Quiero darte un momento de paz. De verdad. De tregua. A ti, al individuo que piensa. Que puede creer en mí, como cree en sí mismo. Ya tienes bastante.

Demasiado de lo malo. Tengamos también algo bueno. Algo juntos. Compartámoslo, mientras podamos. Porque se nos acaba el tiempo. La muerte primero ablanda. Luego endurece. Todas las apariencias cesarán en el individuo. Uno por uno, dejarán atrás todas las apariencias. Hasta el final.

Puedo ver cada día más de cerca el truco. La oportunidad de hacer el mal. La impunidad. La miseria moral. La maldad, tan conocida y tan vieja, en cada uno de nosotros. La traición. La verdadera desigualdad. Que es la desigualdad moral. Hablo de apoyar a la mayoría. Cualquier mayoría. Según el momento. La mayoría es el conformismo. La cobardía. El interés. Eso es la mayoría.

Porque la mayoría siempre, siempre estará más dispuesta a hacer el mal. Porque es más fácil. Una y otra vez. La mayoría ha sido siempre cobarde, violenta, ignorante, peligrosa. Y siempre lo será. Siempre saldrá lo peor de ella, porque ella es lo peor. Hacen parecer necesidad lo que en realidad es privilegio.

El individuo es más importante que cualquier mayoría. No importa lo que crean. Lo que crean defender. Las mayorías se equivocan. Una y otra vez. Engañan, pervierten, envenenan. Porque son engañadas, pervertidas, envenenadas. Quieren ser engañadas, pervertidas, envenenadas. 

Hacen el mal a drede, impunemente. Porque su fuerza es el número. No la verdad. Nunca lo ha sido. Nunca les ha interesado. Sólo espejismos de sus caprichos. Rabietas. Peroratas. Desplantes. Todo para nada. Sólo para seguir igual. 

La calidad no ha estado nunca en ninguno de sus planes. Han sido el brazo ejecutor de los peores tiranos. Su verdugo. Su monstruo de feria. Su mascota. Su títere. Eso son las mayorías. Eso es lo que siempre serán. Cobardía, egoísmo, delirio, emponzoñan todas sus pasiones y todas sus culpas, como lo que manosean, lo que aplastan, lo que insultan. Lo que desobedecen, lo que aniquilan. Una y otra vez.

La mayoría es sólo cantidad. Cantidad de lo malo. Indistinta. Amorfa. Grosera. Excesiva. Diversidad de lo malo. Convergencia en la maldad. En la culpa. En el crimen. En la indiferencia y la desidia. La mayoría es encogerse de hombros y mirar a otro lado. 

La mayoría es cohecho, complicidad. Corrupción. Traición a uno mismo. La mayoría es el antiindividuo. El antiser. Debilidades unidas imponen lo injusto cuando pueden, en cuanto surge la oportunidad. Que no pueden imponer solas. Con avidez. Sin pensar demasiado. Casi sin pensar. Creen haber vencido, ignorando su próximo fracaso. Que se repetirá. Esperan el momento de liberar el mal, una vez más. Esta vez no será diferente. 

Tenemos derecho a equivocarnos. Pero no a permanecer en el error, a sabiendas. Todas las mayorías son errores. Esconden errores. Producen errores. No querría nunca depender de una mayoría, ni lo que me es más preciado. 

Me avergüenzo de ser parte de cualquier mayoría, con o sin intención. De haber sido parte de cualquier mayoría. No me identifico con ninguna. Ojalá no existieran. Ojalá no fuéramos lo que somos. Sólo mayorías del momento.

Las mayorías son una trampa. La cárcel más insoportable de cualquier individuo. Borreguismo, canallismo, histrionismo. Indecencia. Ignorancia. Eso es la mayoría. No importa cuál.

El individuo y las mayorías sólo pueden estar en guerra permanente, intentando reducirse uno a otro. La mayoría es la muerte del individuo, su tumba, antes de la muerte de su cuerpo. 

Lamento haber apoyado cualquier mayoría en el pasado. No reconocer que estoy solo y que nadie creerá lo que digo, por tanto tiempo. Se olvidará pronto, a menudo. Es difícil pensar. Ser individuo.

Es más fácil ser mayoría. Que piensen por mí. Soy un individuo contra todos. Contra todas las mayorías y eso es lo que seré siempre. Lo que eres tú y cualquier otro. No importa la mayoría en la que se esconda ahora. En la que pretenda o finja esconderse. Todo son mayorías malas. Caducas. Dañinas. Indecentes. Culpables.

Las mayorías son más huecas que el individuo. Por eso son más peligrosas. Porque no pueden ser ni serán nunca individuos. Aunque a veces parezcan actuar como tal. Es sólo una triste y fatal ilusión, que se repite.

Contra la mayoría, siempre. Porque son el principio de todas las maldades verdaderas. El mal del mundo. No hay más allá de nosotros ningún otro que deba preocuparnos. Preocúpate de la mayoría. La que sea que apoyes ahora. Piensa por ti mismo. Sospecha. Témela, despréciala. Condénala. Pero nunca cedas a su maldad. Porque se volverá contra ti.