Ganar es perder
Me ataca por dentro el que no soy. Siempre otro.
Haga lo que haga, rellena el vacío a mi alrededor.
La imaginación es mi alter ego y el mundo es la violencia.
Vivir en sociedad, competir, compararse.
Cooperar a la fuerza.
Hay demasiados planes por cumplir, que llevar a cabo. El tiempo se agota.
No hay tiempo de ser otro. Mientras tanto, me dedico a sobrevivir. Ocupar mi espacio.
Insistir en un recreo imposible o depravado para cualquiera de mis imaginaciones.
No conozco más precio de las cosas que las cosas mismas. La impersonalidad.
Hay buenas intenciones. Lo reconozco. También por dentro.
La egolatría es siempre monstruosa. Lo es más cuanto más insiste. Cuanto más quiere
entrar en la realidad. Pero lo que debemos hacer, en primer lugar, es descartar
lo que sólo existe en la cabeza, no fuera de ella. Esto es a un tiempo lo más
difícil y lo más necesario, pues la alternativa es la locura.
Luchar por salir adelante es agotador. Pero lo es más aún tener que fingir para otros,
explicarse. Conceder para ser incluido, ya que lo que no se integra, se desecha.
Hay que hacer concesiones.
El mundo crece entre líneas por dentro. En el intertexto. En la mezcla y el cambio.
Pues el pensamiento realmente es cambio. Creación.
Las emociones molestan todo el tiempo. Su exceso es grotesco y produce impotencia,
parálisis, saturación. Cuando no es una, es su contraria y siempre hay rebeldía
contra uno mismo por dentro. No se hace esperar una nueva revuelta.
¿Quién sofocará finalmente las angustias de su espíritu?

