En cuanto abres la boca, se llena de mentira, rebosa. El hombre pide al hombre. Le exige. Toda simplificación es una exageración. No hay literatura sin ella. Esquivar las críticas más difíciles también es vanidad. Médico, cúrate a ti mismo. Quien dice mentira, dice vanidad, falacia, fantasía, trampa.
Los mismos hombres atrapados en todas las épocas. Con lenguaje imperfecto que habla de lo mismo. Breve, pero preciso. Fuera y lejos de mi alma su oscuridad. Sigue adelante. Sabe adonde va. El cuerpo es un horno de pasión. Se calienta y se enfría de repente. Sorprende y contradice a la voluntad, sin voluntad. Desvaría mecánica, periódicamente. Traiciona nuestra confianza. Atrae nuestro lamento.
La imaginación no es escapar. Es la promesa rota que nos habíamos hecho. El desvío, las partes (pedazos) de realidad que escaparon al control. Aun fuera de él, es conocida. Un montón de sueños que se repiten y se esparcen, inertes y vaciados. Una época de confusión que acumula y explota desesperados. Meros hombres. Partes de muerte, esperando al final. Presente que huye. Viento que va y no vuelve.
La herida del alma es difícil de curar, si se vuelve locura. La muerte calla sus gritos de indignación ante la confusión, el teatro de las emociones y errores. Borra sus imágenes. Descarta lo irrelevante. La realidad devora lentamente la fantasía. Pero llega, se escapa a los otros, no-natos, oculta, envuelta en misterio. El veneno esencial de la culpa.
Cubrirse de gloria, tirarse a su piscina. Envanecerse y engreírse. Olvidar la miseria de un origen humilde. El de grandes y pequeños. Golpe blando se llama duro. El delirio es soportable soberbia. Fin de los días, insuficiente arrepentimiento. Los que juzgan la verdad son los que la buscan.